Abuso sexual: Pericia psicológica forense del supuesto agresor

Es muy común recibir solicitudes de pericias psicológicas a los denunciados por presuntos abusos sexuales. Por ejemplo, se solicita lo siguiente: «Practique pericia psicológica al adolescente xxxx titular de la CI: yyyy de 16 años de edad, con el objeto de informar sobre la posibilidad de presentar índices de cometer abusos sexuales», o con este otro estilo similar: «…periciar al indagado para valorar la posibilidad de haber sido autor de lo denunciado», «pericia al encartado a efectos de conocer tendencias sexuales», «periciar al denunciado a efectos de conocer su interacción con su parte»

En este punto cabe acotar que muchas veces, en estas situaciones, es tan grande el impacto que genera la situación en el operador, que quizás lo invaden múltiples ansiedades; aquellas movilizan aspectos de su propia sexualidad y le generan un cúmulo de incertidumbres difíciles de manejar, dejando entrever en determinadas solicitudes de pericia cierta desorientación. Es frecuente que se tienda a crear un mito asociado a la búsqueda de perfiles, de capacidades potenciales de haber incurrido en esa conducta e incluso a veces, de una respuesta acerca de la verdad o falsedad de la situación denunciada. 

Se quiere creer en la existencia de un perfil psicológico que determine si una persona pudo o no haber sido autor de un hecho delictivo como el de esta naturaleza, pero los investigadores que han realizado estudios sobre el tema no lo han encontrado. Sus dificultades son fundamentadas en múltiples factores, como por ejemplo la variedad de cuestiones que hacen al amplio abanico de tipos y estilos de abuso sexual. Así mismo existe una gama muy amplia de victimarios: podemos ir desde el intrafamiliar al extrafamiliar, de la dependencia relacional con el agresor, al desconocimiento total del agresor, desde el abusador tierno y que presenta la situación al niño como un juego, hasta el que toma al lactante de su cuna y lo viola, a otro que intercepta en la calle a una víctima y de forma intempestiva la agrede sexualmente, como aquel a quien falla el mecanismo de represión y toca los pechos de una adolescente como un acto impulsivo puntual, u otro que constitutivamente no tiene estos mecanismos evolucionados e incurre en forma recurrente en conductas sexualmente abusivas. Como vemos, son múltiples las formas que adquiere este tipo de delito y no se mantiene un patrón determinado de conducta, por tanto el punto de pericia es totalmente estéril para el proceso. Se ha observado que cada situación es única, aunque con algunos aspectos comunes en la dinámica; cada caso está plagado de particularidades en las que se observan características propias y singulares de la relación entre la víctima y el victimario, más allá de elementos de las dinámicas vinculares que pueden caracterizar a unos abusos sexuales y no a otros. 

Corresponde aquí replantearse: conocer características de personalidad del posible perpetrador ¿cambia la situación del abuso producido o la sanción judicial por el delito? Basados en la respuesta, según sea negativa o positiva, vamos a poder plantearnos estas otras preguntas: ¿para qué la pericia psicológica al denunciado?, ¿qué le interesa saber al juez sobre el denunciado, teniendo en cuenta su función?, ¿se cree que las características de personalidad del investigado van a permitir afirmar o descartar que haya sido el autor del ilícito?

En estos casos quizás correspondería una pericia psiquiátrica para que el juez pudiera obtener los datos necesarios para discernir sobre la posible imputabilidad o inimputabilidad del indagado, luego de haber descartado los indicios físicos o psicológicos en la víctima. Conocer las características de personalidad del agresor mediante una pericia psicológica en la mayoría de los casos no va a cambiar la tipificación del delito ni la decisión judicial, sea de tipo neurótico, psicótico o psicopático; hay que ser muy cautos en ello y parafraseando a la Prof. Norma Griselda Miotto es necesario comprobar que esa persona ha cometido ese hecho que se le imputa y eso no se corrobora por las características de personalidad, una persona puede ser un gran psicopático y sin embargo no haber cometido ese ilícito por el que se lo inculpa. Entonces correspondería pensar ¿para qué es necesaria la pericia psicológica de los presuntos agresores?, ¿con qué objetivo jurídico? Podemos suponer que puede ser necesaria en casos en que el psiquiatra tenga dudas sobre algún aspecto asociado a las causales de una posible inimputabilidad del perpetrador; por ejemplo con respecto a lo cognitivo, si tiene dudas del nivel intelectual, o de su patología, si tiene dudas de su estructura o funcionamiento, entonces allí el médico psiquiatra puede solicitar una evaluación psicológica, pero cabe pensar que en otros casos no se justificaría la mencionada evaluación, en función del fuero y de sus objetivos. Los aspectos planteados no quitan que el psicólogo pueda, en el marco de la valoración de la víctima y como parte de su estrategia, tener una entrevista con el denunciado para obtener algunos datos asociados con la pericia de la supuesta víctima, lo que no implica una pericia al denunciado. 

Aprovecho para reforzar aquí algo que considero fundamental: hay consenso entre los estudiosos e investigadores sobre abuso sexual, respecto a que en procesos de investigación judicial es la pericia de la víctima la que aporta esclarecimiento sobre la situación y no la pericia del presunto agresor. La pericia de este último rara vez aporta evidencias sobre los hechos que se investigan, principalmente porque en la mayoría de los casos lo niegan. Los sentimientos de culpa, el reconocimiento o no de su participación en la situación denunciada, nos hablará del mejor o peor pronóstico, lo cual es útil a los efectos de valorar el posible tratamiento; pero no tendrá utilidad a la hora de la sanción del hecho.(p.113 a 115)

 

(Extraido del libro: Niñez Judicializada en Uruguay. Algunas contribuciones para las buenas prácticas en el abordaje de su situación, Montevideo, Julio 2017)